Dije que con dos gatos bastaba. Después dije que con tres era el límite. Ahora tengo cinco gatos y dos perros en una casa de tres dormitorios frente a Playa de la Viuda, y cada uno de ellos tiene más personalidad que la mayoría de los personajes que catalogué en cuarenta años de biblioteca. No los elegí yo. Ellos me eligieron a mí, que es la única forma honesta en que funciona la convivencia.

🐱 Los gatos
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Onetti

Gato · El primero

Atigrado, viejo, filósofo. Llegó a la casa antes que yo. Cuando me mudé a Punta del Diablo él ya estaba en el porche, como si supiera que alguien vendría. Duerme sobre mis manuscritos y opina con el peso de su cuerpo sobre las páginas que no le gustan.

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Creta

Gata · La griega

Blanca con manchas canela, como una isla vista desde el aire. La encontré maullando debajo de la camioneta del verdulero un martes de marzo. Se llama así porque cuando la levanté y me miró con esos ojos enormes me acordé de las gatas de Heraclión.

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Borges

Gato · El ciego

Negro absoluto. Perdió un ojo en una pelea que, a juzgar por las cicatrices del otro gato, ganó. Se sienta siempre del lado del ojo bueno, como si quisiera verlo todo con la mitad que le queda. Es el único que no sube a la mesa de la cocina.

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Yereván

Gata · La armenia

Tricolor, nerviosa, dulce cuando quiere. Es la que más habla: maúlla para pedir comida, para que le abran la puerta, para opinar sobre el clima. La llamé así por la capital de Armenia, porque llegó un día que yo estaba cocinando manti.

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Bach

Gato · El quinto

El que no iba a existir. Gris perla, silencioso, apareció una mañana de invierno y se sentó junto al parlante mientras sonaba la Cantata 82. No se fue. Lo nombré por la única razón que me pareció justa. Duerme siempre donde suena la música.

🐶 Los perros
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Rufina

Perra · La compañera

Mestiza color miel, tamaño mediano, alma de gigante. Me acompaña a la playa todas las mañanas y espera sentada mientras miro el mar, como si entendiera que ese momento es sagrado. Después se revuelca en la arena y me arruina la contemplación. Es perfecta.

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Tito

Perro · El protector

Grande, dorado, de orejas imposibles. Ladra a las olas como si fueran intrusas. Custodia la puerta del escritorio cuando escribo y gruñe bajito si alguien se acerca, incluidos los gatos. Se cree dueño de la casa. Probablemente lo sea.

No tengo previsto adoptar más animales, pero eso mismo dije de los gatos —que con dos bastaba— y hoy tengo cinco. Las promesas que me hago a mí misma son las únicas que rompo con placer.